martes, 12 de mayo de 2026

La transformación de las impresiones


Uno de los trabajos más importantes del proceso del cambio interior y de la forma de pensar y de actuar y en nuestras conductas sociales, es el tema de como trabajamos, comprendemos y transformamos las impresiones.

Una impresión es una imagen, como película que proyectamos de existencia en existencia, más la recurrencia y las consecuencias buenas y malas de cada existencia.

La vida en sí misma es una constante transformación o transmutación y lo vemos presente en todo, por ejemplo:

 Azúcar se transforma en alcohol el alcohol en vinagre.

Los alquimistas medievales hablaban de transformar el plomo en oro, es decir en alquimia esotérica psicológica transformar la personalidad en el oro del espíritu.

La transformación es muerte y nacimiento.

En el hombre encontramos los tres alimentos:

-       Alimentos básicos se procesan en él, estomago, que los transforma.

-       Segundo alimento es el aire que se procesa en los pulmones.

-       Tercer alimento son las impresiones que se procesa en nuestro cerebro-mente.

Es en este tercer alimento donde debemos enfocar nuestro trabajo interior psicológico, nuestra atención, análisis y comprensión.


El mundo está formado por impresiones, por ejemplo: Nos llega la imagen a la mente a través de los sentidos.

 No podemos decir que ha llegado la mesa o que la mesa se ha metido en nuestro cerebro, pero sí está metida la imagen de la mesa, entonces nuestra mente reacciona inmediatamente diciendo: Esta es una mesa de madera o de metal, etc.

Hay impresiones que no son muy agradables, por ejemplo: Las palabras de un insultador ¿no? ¿Podríamos transformar las palabras de un insultador?

Este trabajo esotérico gnóstico debe ser llevado hasta el punto donde entran las impresiones, porque son distribuidas mecánicamente en lugares equivocados por la personalidad para evocar antiguas reacciones.

Pongamos como ejemplo lo siguiente: Si arrojamos una piedra a un lago cristalino, en el lago se producen impresiones y la respuesta a esas impresiones dadas por la piedra se manifiesta en ondas que van desde el centro a la periferia.

Ahora, imagínense a la mente como un lago. De pronto, aparece la imagen de una persona, esa imagen es como la piedra de nuestro ejemplo que llega a la mente.

 Entonces, la mente reacciona en forma de impresiones. Las impresiones son las que produce la imagen que llega a la mente y las reacciones son las respuestas a tales impresiones. Si se tira una pelota contra un muro, el muro recibe las impresiones, luego viene la reacción que consiste en el regreso de la pelota a quien la mandó. Bueno, puede ser que no llegue directamente, pero de todas maneras rebota la pelota y eso es reacción.

Las palabras son como son, entonces, ¿qué podríamos hacer? Transformar las impresiones que tales palabras nos producen y esto es posible. La Enseñanza gnóstica nos enseña a cristalizar la Segunda Fuerza, el Cristo en nosotros, mediante el postulado que dice: "Hay que recibir con agrado las manifestaciones desagradables de nuestros semejantes”

Si del mundo físico no conocemos sino las impresiones, entonces, propiamente, el mundo físico no es tan externo como creen las gentes. Con justa razón dijo Emmanuel Kant: "Lo exterior es lo interior". Si lo interior es lo que cuenta, debemos pues transformar lo interior. Las impresiones son interiores, por lo tanto, todos los objetos y cosas, todo lo que vemos, existe en nuestro interior en forma de impresiones.

 Si nosotros no transformamos las impresiones nada cambiará en nosotros. La lujuria, codicia, orgullo, odio, etc., existen en forma de impresiones dentro de nuestra psiquis que vibra incesantemente. El resultado mecánico de tales impresiones han sido todos esos elementos inhumanos que llevamos dentro y que normalmente los hemos llamado yoes, que, en su conjunto, constituyen el mí mismo, el sí mismo.

Tal trabajo de nuestra vida consiste en saber transformar las impresiones, y también, en saber eliminar los resultados mecánicos de impresiones no transformadas en el pasado. El mundo exterior propiamente no existe. Lo que existen son impresiones y las impresiones son interiores, y las reacciones de tales impresiones son completamente interiores.

Resulta impostergable que nosotros transformemos las impresiones mediante la comprensión. Si alguien nos saluda, nos alaba, ¿cómo podríamos transformar la vanidad que tal o cual adulador podría provocar en nosotros? Obviamente, las alabanzas, las adulaciones, no son más que impresiones que nos llegan a la mente y ésta reacciona en forma de vanidad; pero si se transforman esas impresiones, la vanidad se hace imposible. ¿Cómo se transformarían las palabras de un adulador? Mediante la comprensión.

 

 

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