Uno de
los trabajos más importantes del proceso del cambio interior y de la forma de
pensar y de actuar y en nuestras conductas sociales, es el tema de como
trabajamos, comprendemos y transformamos las impresiones.
Una
impresión es una imagen, como película que proyectamos de existencia en
existencia, más la recurrencia y las consecuencias buenas y malas de cada
existencia.
La vida
en sí misma es una constante transformación o transmutación y lo vemos presente
en todo, por ejemplo:
Azúcar se transforma en alcohol el alcohol en
vinagre.
Los
alquimistas medievales hablaban de transformar el plomo en oro, es decir en alquimia
esotérica psicológica transformar la personalidad en el oro del espíritu.
La
transformación es muerte y nacimiento.
En el
hombre encontramos los tres alimentos:
-
Alimentos básicos se procesan en él, estomago, que los
transforma.
-
Segundo alimento es el aire que se procesa en los pulmones.
-
Tercer alimento son las impresiones que se procesa en
nuestro cerebro-mente.
Es en
este tercer alimento donde debemos enfocar nuestro trabajo interior
psicológico, nuestra atención, análisis y comprensión.
El
mundo está formado por impresiones, por ejemplo: Nos llega la imagen a la mente
a través de los sentidos.
No podemos decir que ha llegado la mesa o que
la mesa se ha metido en nuestro cerebro, pero sí está metida la imagen de la
mesa, entonces nuestra mente reacciona inmediatamente diciendo: Esta es una mesa
de madera o de metal, etc.
Hay
impresiones que no son muy agradables, por ejemplo: Las palabras de un insultador
¿no? ¿Podríamos transformar las palabras de un insultador?
Este
trabajo esotérico gnóstico debe ser llevado hasta el punto donde entran las
impresiones, porque son distribuidas mecánicamente en lugares equivocados por
la personalidad para evocar antiguas reacciones.
Pongamos
como ejemplo lo siguiente: Si arrojamos una piedra a un lago cristalino, en el
lago se producen impresiones y la respuesta a esas impresiones dadas por la
piedra se manifiesta en ondas que van desde el centro a la periferia.
Ahora,
imagínense a la mente como un lago. De pronto, aparece la imagen de una
persona, esa imagen es como la piedra de nuestro ejemplo que llega a la mente.
Entonces, la mente reacciona en forma de
impresiones. Las impresiones son las que produce la imagen que llega a la mente
y las reacciones son las respuestas a tales impresiones. Si se tira una pelota
contra un muro, el muro recibe las impresiones, luego viene la reacción que
consiste en el regreso de la pelota a quien la mandó. Bueno, puede ser que no
llegue directamente, pero de todas maneras rebota la pelota y eso es reacción.
Las
palabras son como son, entonces, ¿qué podríamos hacer? Transformar las
impresiones que tales palabras nos producen y esto es posible. La Enseñanza
gnóstica nos enseña a cristalizar la Segunda Fuerza, el Cristo en nosotros,
mediante el postulado que dice: "Hay
que recibir con agrado las manifestaciones desagradables de nuestros
semejantes”
Si del mundo físico no conocemos sino las impresiones, entonces, propiamente, el mundo físico no es tan externo como creen las gentes. Con justa razón dijo Emmanuel Kant: "Lo exterior es lo interior". Si lo interior es lo que cuenta, debemos pues transformar lo interior. Las impresiones son interiores, por lo tanto, todos los objetos y cosas, todo lo que vemos, existe en nuestro interior en forma de impresiones.
Si nosotros no transformamos las impresiones
nada cambiará en nosotros. La lujuria, codicia, orgullo, odio, etc., existen en
forma de impresiones dentro de nuestra psiquis que vibra incesantemente. El
resultado mecánico de tales impresiones han sido todos esos elementos inhumanos
que llevamos dentro y que normalmente los hemos llamado yoes, que, en su
conjunto, constituyen el mí mismo, el sí mismo.
Tal
trabajo de nuestra vida consiste en saber transformar las impresiones, y
también, en saber eliminar los resultados mecánicos de impresiones no transformadas
en el pasado. El mundo exterior propiamente no existe. Lo que existen son
impresiones y las impresiones son interiores, y las reacciones de tales
impresiones son completamente interiores.
Resulta
impostergable que nosotros transformemos las impresiones mediante la
comprensión. Si alguien nos saluda, nos alaba, ¿cómo podríamos transformar la
vanidad que tal o cual adulador podría provocar en nosotros? Obviamente, las
alabanzas, las adulaciones, no son más que impresiones que nos llegan a la
mente y ésta reacciona en forma de vanidad; pero si se transforman esas
impresiones, la vanidad se hace imposible. ¿Cómo se transformarían las palabras
de un adulador? Mediante la comprensión.

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